La bañera es más que un lugar donde pegarse un remojón. La bañera es un espacio creativo. Prueba de ello es el Principio de Arquímedes. El sabio griego que realizó valiosas aportaciones a la cuadratura del círculo descubrió el principio de desplazamiento del agua sumergido en una bañera. Y no fue el único. John Shepherd-Barron también se encontraba en una bañera cuando inventó el cajero automático. Algunos años más tarde, en la misma bañera, el escocés ideó el espantafocas, un descubrimiento bastante menos popular que no pasará a la historia, pero igualmente eficaz para los aficionados a la pesca como él. La bañera existe desde antes de Cristo, y ya en aquella época se le daba una propiedad purificadora del alma. Esta sabiduría popular que circulaba en la antigua Creta no difiere mucho del pensamiento actual. Aquello de darse un baño reparador. ¿Quién no se ha pegado un baño de agua caliente para relajarse? Por el contrario, hay quien lo considera el espacio ideal de trabajo. Y no es precisamente el colectivo de fontaneros quien hace esta afirmación. Alan Greenspan el super gurú de la economía mundial afirma que necesita un baño diario de hora y media, ya que en la bañera puede leer, escribir y gozar de una perfecta intimidad. Una bañera siempre ha sido un objeto perfecto para una película de suspense, como la famosa secuencia ideada por Alfred Hitchcock en Psicosis. El cine tiene incontables escenas de bañera. El romanticismo de cuento del baño de Julia Roberts y Richard Gere en Pretty Woman o el travieso juguete submarino de Victoria Abril en el Átame de Almodóvar. La bañera no sólo es protagonista en la ficción sino que en la vida real ha sido escena de importantes acontecimientos. El más grande de todos, el del nacimiento, puede tener lugar en una bañera. Un caso más prosaico pero legendario tiene que ver con la música. La historia oficial dice que Jim Morrison fue encontrado muerto en la bañera de su casa. Quizás intentó purificar su alma antes de morir. El cuerpo desnudo y mojado dentro de la bañera ha llamado la atención y ha sido fuente de inspiración para pintores, escultores, músicos, artistas, pensadores, economistas… que no han dudado en utilizar esta pieza de fontanería en sus grandes obras. La razón quizá sea que en una bañera nos sentimos libres, nos abstraemos y nuestros pensamientos salen puros. Es un magnífico momento para la creación. Nuestro estudio no se llama ‘La bañera’ por todo lo que cuenta este texto. Nuestra bañera estaba en este espacio antes de que fuese un estudio de diseño, por lo que es posible que tenga su propia historia. Si bien no sabremos qué genialidades o trivialidades surgieron de ella, la recuperamos como homenaje a todas esas bañeras abandonadas, desterradas y sustituidas por el plato de ducha de las nuevas viviendas de 20m2.